1959 es el nombre en clave que utilizo para la última novela con la que ando liado, un thiller psicológico que transcurre entre finales de los cincuenta y principos de los setenta. Este año marca el arranque de la historia.
Ya he comentado en una entrada anterior que uno de los personajes conduce un Buick Skylark. Otro vehículo utilizado por uno de los personajes es el Dodge D100, una camioneta (pick up) que me encanta, concretamente una utiline de 1964. Los Dodge D100 vivieron su época de esplendor en la década de los sesenta.
También aparece el Dodge Monaco con “Super Lite” de 1969 (un modelo que tenía la peculiaridad de contar con un faro de cuarzo en la parrilla del lado del conductor, lo que le proporcionaba una mejor visibilidad en carretera).
En cuanto a la ambientación, deciros que se respira rock ‘n’ roll.
No faltan los juke joints, establecimientos afroamericanos sureños en los que suena blues y jazz, se sirve alcohol, se puede bailar y apostar, y que generalmente están situados en las encrucijadas de las carreteras.
Ni los honky tonks, bares del sudeste donde sonaba música western swing no muy lejos de los campos de algodón.








